Relación entre la escuela inclusiva y las competencias docentes
Palabras clave:
escuela inclusiva, necesidades especiales, métodos de evaluación, competencia docenteSinopsis
El trasegar teórico jurídico del concepto de discapacidad ha provocado un cambio mundial en el que se reconoce la persona con discapacidad como un ser humano que tiene derechos e igualdad de oportunidades que los demás en todos los ámbitos de la vida social. (Hernández, 2015, p. 46). A pesar que existe un respaldo legal de inclusión de personas con necesidades especiales, parece ser que este tema aún es concebido como un favor y no como un derecho, particularmente en las escuelas.
Es común observar a padres de familia realizando arduas búsquedas para encontrar escuelas que acepten a sus hijos; y algunos, sin éxito, inscribiéndolos a centros educativos especiales, pero ¿por qué ocurre ello? La respuesta es sencilla: a lo largo del tiempo se ha considerado a los niños con discapacidades como seres por los que se debe sentir lástima, como personas que no pueden de salir adelante por sí mismos; sin embargo, esta postura es totalmente equívoca.
Lamentablemente, las escuelas también han adoptado ese pensar errado, y, muchas, en lugar de adaptar su sistema educativo a las necesidades de estos niños, optan por restringir su ingreso. El clásico argumento descansa en lo siguiente: “este centro educativo no tiene la capacidad de cubrir las necesidades de su hijo”. No obstante, en múltiples ocasiones, lo que no hay es interés por el tema, ya que las discapacidades de los estudiantes son leves y podrían fácilmente ser superadas por la institución.
Desafortunadamente, existe una negación casi automática por parte de las instituciones respecto a la aceptación de estudiantes con discapacidades, pues su presencia posiblemente implica un mayor trabajo; no obstante, los logros que se pueden alcanzar tienen un mayor valor: crecimiento profesional para los docentes, consolidación de valores y empatía en los estudiantes, creación de una cultura escolar inclusiva y tolerante en la comunidad en general.
¿Cuántas escuelas realmente están interesadas en este aspecto? ¿cuántas se preocupan por crear una cultura educativa inclusiva? ¿A cuántas les interesa el verdadero crecimiento educativo? Crear una escuela inclusiva no es un reto imposible de realizar, pero requiere del apoyo de toda la comunidad educativa, es decir, requiere de una sólida organización, principalmente de los agentes que orientan los aprendizajes: los docentes.
Como es sabido, la mayoría de docentes están capacitados para orientar los aprendizajes de estudiantes con necesidades homogéneas, pero no para alumnos con necesidades especiales, pues no existe un sistema que se preocupe por desarrollar competencias en los docentes que permitan afrontar los nuevos retos. El meollo del problema no es la inserción de estos alumnos a las aulas escolares, sino la falta de atención que se les presta.
Muchos docentes no están preparados para orientar las enseñanzas de estudiantes con ciertas discapacidades, pues han automatizado sus sesiones de clases y han olvidado actualizar sus metodologías académicas. Asimismo, no invierten tiempo para elaborar materiales novedosos y no han sistematizado un método de evaluación inclusivo. Para todo ello, se necesita organización e interés.
En ese sentido, la presente investigación busca identificar la relación que existe entre las competencias docentes y la escuela inclusiva, a fin de establecer una serie de reflexiones que promuevan en los centros educativos la creación o fortalecimiento de una cultura escolar inclusiva, democrática y justa.
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